Otoño con perros: Pequeños peligros que conviene conocer
Debemos prevenir posibles problemas
El otoño es una de las épocas más agradables para disfrutar de largos paseos con nuestro perro. Las temperaturas bajan, el paisaje cambia y las primeras lluvias llenan parques y senderos de nuevos olores que despiertan su curiosidad.
Sin embargo, esta estación también trae algunos riesgos que pueden pasar desapercibidos. Setas, frutos caídos, agua estancada o parásitos son algunos de los elementos a los que debemos prestar atención.
No se trata de impedir que nuestro perro explore y disfrute, sino de conocer estos pequeños peligros para prevenir posibles problemas.
Setas: mejor observarlas que probarlas
Con las primeras lluvias aparecen setas en jardines, parques y zonas de campo. Algunas especies pueden resultar muy tóxicas para los perros, provocando desde trastornos digestivos hasta daños graves en órganos como el hígado o los riñones.
Si sospechas que tu perro ha ingerido una seta silvestre, contacta inmediatamente con un veterinario. Si puedes, fotografía la seta para facilitar su identificación y nunca intentes provocarle el vómito por tu cuenta.
Bellotas, castañas y otros frutos caídos
El suelo se llena de pequeños tesoros otoñales que pueden despertar la curiosidad de nuestros compañeros.
Las bellotas contienen taninos que pueden ocasionar problemas digestivos si se ingieren. Además, tanto estas como las castañas y otros frutos de cierto tamaño pueden provocar atragantamientos u obstrucciones intestinales.
Especial cuidado con las castañas de Indias, que son tóxicas para los perros y no deben confundirse con las castañas comestibles.
Lo mejor es evitar que nuestra mascota recoja y mastique frutos desconocidos durante los paseos.
Charcos: una tentación poco recomendable
Después de las lluvias, algunos perros encuentran irresistible beber de cualquier charco que aparece en su camino.
Sin embargo, el agua estancada puede contener microorganismos, entre ellos bacterias como las responsables de la leptospirosis, además de restos de productos químicos u otras sustancias contaminantes.
Una buena costumbre es llevar siempre agua limpia y un recipiente portátil, especialmente cuando salimos de excursión.
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Los parásitos también disfrutan del otoño
Que termine el verano no significa que desaparezcan las pulgas y las garrapatas.
En zonas de clima templado como la Costa del Sol, determinados parásitos pueden permanecer activos durante buena parte del año.
Por eso, es importante mantener la protección antiparasitaria recomendada por el veterinario y revisar a nuestro perro después de los paseos por el campo, prestando especial atención a las orejas, el cuello, las axilas y los espacios entre los dedos.
¡Cuidado con lo que esconden las hojas!
La hojarasca puede ocultar pequeños objetos, restos de comida, cristales o elementos vegetales que pueden causar lesiones en las patas.
Después de pasear por zonas de campo o especialmente húmedas, conviene revisar las almohadillas, retirar posibles restos vegetales y secar bien los espacios entre los dedos.
También es un buen momento para reforzar mediante el juego y el refuerzo positivo órdenes como «suelta» o «déjalo». Enseñar a nuestro perro a no recoger cualquier cosa del suelo puede evitar más de un susto.
¿Y si nuestro perro ha ingerido algo peligroso?
Si sospechamos que ha comido una seta, una planta o cualquier sustancia potencialmente tóxica, debemos contactar cuanto antes con un veterinario, incluso aunque todavía no presente síntomas.
Es importante intentar identificar qué ha ingerido, en qué cantidad y hace cuánto tiempo. No debemos administrar remedios caseros ni provocar el vómito sin indicación profesional.
La aparición de temblores, vómitos repetidos, debilidad, babeo excesivo, convulsiones o dificultades respiratorias requiere atención veterinaria urgente.
📌 Disfrutar del otoño también es prevenir: El otoño ofrece magníficas oportunidades para compartir tiempo al aire libre con nuestros perros. Un poco de previsión, una botella de agua, mantener al día su protección antiparasitaria y revisar sus patas después de cada excursión son pequeños gestos que contribuyen a su bienestar.

